Teherán, 28 de noviembre de 2025. En las calles de Teherán y otras ciudades iraníes, empieza a normalizarse la presencia de mujeres y niñas que transitan sin llevar hiyab, un símbolo de desafío a las estrictas normas de vestimenta impuestas por el Estado, apenas tres años después de la muerte de Mahsa Amini, cuyo deceso desencadenó un amplio movimiento de protesta. 

Las imágenes recientes muestran mujeres de todas las edades —jóvenes, adultas, incluso menores— caminando libremente, con el cabello al descubierto en barrios del norte y el centro de la capital, en un gesto visible de desobediencia civil, ausente de hace apenas unos años. 

Aunque el uso del hiyab sigue siendo obligatorio por ley para las mujeres en espacios públicos en Irán, la repercusión social generada por la muerte de Amini y las protestas posteriores han debilitado la aplicación estricta de la norma, y muchas optan por ya no someterse a su exigencia. 

Para muchas mujeres, este acto representa más que un cambio de vestimenta: es una reivindicación de su autonomía, un rechazo al control estatal sobre su cuerpo y una demanda de libertad personal frente a discriminaciones históricas.

Sin embargo, la decisión de salir sin hiyab implica riesgos: quienes lo hacen desafían leyes respaldadas por sanciones severas —multas, detenciones, en algunos casos flagelaciones o incluso pena de muerte— según la legislación vigente.

Organismos internacionales de derechos humanos han denunciado que esta legislación constituye una forma de control de género sistemático y una violación a los derechos fundamentales de mujeres y niñas en Irán.