Nueva York, Estados Unidos, 14 de julio de 2026.- El delantero de la selección de Estados Unidos, Folarin Balogun, afirmó que la tarjeta roja que recibió durante el Mundial de dos mil veintiséis fue injusta y aseguró que nunca tuvo la intención de cometer una falta que ameritara la expulsión. Sus declaraciones se producen después de la controversia generada por la decisión de la FIFA de suspender su sanción, tras la intervención del presidente estadounidense Donald Trump y las conversaciones con el presidente del organismo, Gianni Infantino.
En una entrevista, Balogun reconoció que era consciente de que su regreso al equipo provocaría una fuerte polémica y generaría presión sobre la selección estadounidense. El atacante explicó que, aunque agradeció la oportunidad de volver a jugar, el ambiente alrededor del equipo se vio afectado por el intenso debate sobre la decisión de la FIFA.
La controversia comenzó después de que Trump confirmara públicamente que llamó a Gianni Infantino para solicitar una revisión de la tarjeta roja impuesta al delantero tras el partido frente a Bosnia y Herzegovina. Posteriormente, la Comisión Disciplinaria de la FIFA suspendió la sanción, permitiendo que Balogun disputara el encuentro de octavos de final ante Bélgica, una decisión que generó críticas de diversas federaciones y organismos deportivos por considerar que comprometía la independencia de las decisiones disciplinarias.
Balogun insistió en que la acción por la que fue expulsado fue accidental y reiteró que no considera que mereciera una tarjeta roja. Sin embargo, admitió que toda la atención mediática y política alrededor del caso terminó por convertirse en un factor de distracción para el equipo estadounidense, que posteriormente fue eliminado del Mundial por Bélgica.
El caso continúa generando repercusiones más allá del torneo. Organizaciones y especialistas han solicitado investigar la actuación de la FIFA y de Gianni Infantino para determinar si existió una influencia política indebida en la modificación de la sanción, mientras el episodio sigue alimentando el debate sobre la autonomía de los organismos deportivos frente a los gobiernos.