Washington, Estados Unidos, 8 de octubre de 2026. El presidente estadounidense, Donald Trump, advirtió que la Casa Blanca considerará “enemigo” a cualquiera que utilice el término “inteligencia artificial” en lugar de “superinteligencia”, como parte de su iniciativa para cambiar la manera en que el gobierno se refiere a esta tecnología. El mandatario hizo el señalamiento a través de una publicación en su red social Truth Social, en la que defendió la nueva denominación por considerarla más precisa.
La propuesta forma parte de una estrategia impulsada por Trump para modificar el lenguaje oficial relacionado con la inteligencia artificial. A finales de septiembre, el presidente firmó una orden ejecutiva para que las dependencias y organismos del gobierno federal estadounidense sustituyan el término tradicional por “superinteligencia” en sus documentos, comunicaciones públicas y otros materiales oficiales. La disposición no obliga al sector privado a adoptar el cambio.
Trump ha defendido el desarrollo de esta tecnología como una herramienta estratégica para mantener el liderazgo de Estados Unidos frente a China. Su administración busca acelerar la innovación y ampliar las aplicaciones de estos sistemas en áreas como la investigación científica, la medicina, la energía y la industria, en un contexto de creciente competencia tecnológica entre ambas potencias.
Sin embargo, el impulso a esta industria ocurre mientras crecen las preocupaciones sobre los riesgos de la inteligencia artificial, la seguridad de sus sistemas y las consecuencias de la expansión de los centros de datos. En este contexto, especialistas y exempleados de empresas tecnológicas han advertido sobre la importancia de establecer mecanismos que permitan supervisar el funcionamiento de los modelos avanzados y comprender cómo llegan a determinadas conclusiones.
Aunque Trump ha planteado el cambio de terminología como una manera de mejorar la percepción pública de esta tecnología, su declaración no establece sanciones específicas contra quienes continúen utilizando la expresión “inteligencia artificial”. Por ahora, la modificación se concentra en el lenguaje empleado por las instituciones federales, mientras continúa el debate sobre los beneficios, los límites y los riesgos de esta tecnología.