Washington, 2 de septiembre de 2026.— Rusia ayudó en secreto a Irán a desarrollar misiles de crucero supersónicos destinados a atacar buques de guerra estadunidenses, de acuerdo con una investigación publicada por el Financial Times y retomada por La Jornada. El programa, identificado con el nombre clave C430L, habría comenzado en 2023 y continuado durante el actual conflicto entre Estados Unidos e Irán.
Según la investigación, Moscú transfirió a Teherán conocimientos y asistencia técnica para desarrollar un sistema de propulsión ramjet, tecnología que permite a los misiles de crucero alcanzar velocidades varias veces superiores a la del sonido. Expertos citados por el Financial Times señalaron que este tipo de armamento podría utilizarse contra buques de guerra y también para ataques contra objetivos terrestres.
El proyecto habría involucrado a especialistas rusos con experiencia en sistemas de misiles. La investigación sostiene que la empresa estatal rusa Rosoboronexport coordinó el programa con NPO Mashinostroyenia, una oficina rusa de diseño de cohetes que ya había sido sancionada por Estados Unidos.
Documentos y registros citados en la investigación indican que funcionarios rusos y especialistas de la industria militar realizaron viajes a Irán antes de que el acuerdo fuera formalizado. Posteriormente, ingenieros rusos analizaron información obtenida durante pruebas de vuelo iraníes y enviaron observaciones técnicas sobre aspectos como el combustible, la estabilidad de la combustión, la entrada de aire y la tobera del motor.
El intercambio tecnológico habría continuado hasta este año, incluso después del inicio de la guerra entre Estados Unidos e Irán. Sin embargo, la investigación no encontró pruebas de que un misil de crucero supersónico desarrollado con asistencia rusa haya sido desplegado hasta ahora.
Además de la transferencia tecnológica, Rusia habría proporcionado a Irán drones militares e información de inteligencia relacionada con los movimientos de tropas, buques y aeronaves estadunidenses en Medio Oriente. La revelación podría incrementar las tensiones entre Washington y Moscú y generar nuevas interrogantes sobre el nivel de cooperación militar entre Rusia e Irán.